Seleccionar página

¿Qué es un cliché en la escritura?

Si te has sumergido en una novela y te topas con una frase predecible, un personaje estereotipado o una trama mil veces vista, es posible que te hayas encontrado con un cliché. En el vasto universo de la escritura, los clichés son esas estrellas que alguna vez brillaron con luz propia, pero que, de tanto ser admiradas (y repetidas una y otra vez), terminaron por volverse invisibles en el firmamento literario.

Pero, ¿qué es exactamente un cliché y por qué, a pesar de su mala reputación, sigue colándose en nuestras historias? Hoy te llevaré por los recovecos del lenguaje para desentrañar el misterio del cliché, sus disfraces y, lo más importante, cómo transformarlos en oportunidades para que esa obra que se está formando en tu mente, brille con autenticidad.

Cliché: ¿El villano silencioso de tu historia?

Imagina una palabra, una idea o un giro argumental que, en su origen, fue una chispa de genialidad. «No todo lo que reluce es oro», por ejemplo. Cuando Shakespeare la plasmó en «El mercader de Venecia», seguro resonó con la fuerza de una revelación. Cuatrocientos años después, la escuchamos y, si bien entendemos su significado, carece de ese impacto inicial. El paso del tiempo y su uso excesivo convirtió la frase en un cliché: una expresión, personaje o situación tan manida que ha perdido su capacidad de sorprender y cautivar. Es como una canción pegadiza que, de tanto escucharla, termina por hartar. Es la paradoja de la influencia: lo que una vez fue innovador, se convierte en un molde repetitivo.

¿Es un cliché lo mismo que un tropo? ¡Jamás!

Antes de que entremos en pánico y empecemos a tachar todo de nuestra escritura, hagamos una distinción importante: un cliché no es lo mismo que un tropo. Un tropo es un patrón narrativo recurrente, una herramienta que la literatura utiliza una y otra vez para construir historias. «El pobre que se vuelve rico», por ejemplo, es un tropo clásico. Pero no todo pobre que se vuelve rico es un cliché.

Pensemos, como indiqué, en una persona con necesidades que se vuelve rica. ¡Eso es un cliché! Pero, ¿y si hablamos de un diseñador de videojuegos que viene de abajo y supera a la competencia? La estructura subyacente es la misma —alguien que va de menos a más—, pero el enfoque, los detalles y la profundidad la alejan del cliché, transof en algo fresco y original. La clave está en la ejecución.

También te podría interesar leer: 5 tips para dominar el arte de las historias cortas

¿Sabías que un cliché es como un camaleón?

Así es, los clichés son como camaleones: se adaptan y se manifiestan en diversas formas dentro de una novela. Por esto, el saber identificarlos es el primer paso para desterrarlos o, mejor aún, para reescribirlos con ingenio.

1. Descripciones desgastadas.

¿Cuántas veces hemos leído que «llueve a cantaros» o que alguien tiene un «corazón de oro»? Estas frases, que alguna vez fueron vívidas, se han convertido en meros cascarones vacíos. Son como discos rayados que ya no nos permiten reflexionar sobre su significado original. Si en tu primer borrador encuentras estas descripciones, subráyalas. Son señales rojas que te invitan a buscar la originalidad.

Digamos que estás escribiendo y se atraviesa por la mente el cliché «era una noche oscura y tormentosa». Detente y piensa. ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? A lo mejor acabas describiendo cómo el viento brama como un oso con hambre, y la lluvia arremete los cristales como heladas flechas de escarcha. La diferencia es abismal.

2. La «Sabiduría» de lo obvio.

Tus personajes son la voz de tu historia. ¿Quieres que suenen inteligentes o que reciten verdades que hemos escuchado hasta el cansancio? Frases como «El tiempo todo lo cura» o «No hay mal que por bien no venga» pueden ser ciertas, pero carecen de impacto cuando se repiten sin un propósito específico. Si tu objetivo es la sagacidad, busca la autenticidad en el lenguaje de tus personajes.

3. Clichés, aniquiladores del pensamiento.

Estos son los más insidiosos. Se disfrazan de «sabiduría» pero en realidad son frases vacías que se usan para cerrar una discusión o evitar el pensamiento crítico. «No juzgues un libro por su portada», «la práctica hace al maestro», «la esperanza es lo último que se pierde». Estas expresiones no sólo empobrecen el diálogo, sino que pueden ser herramientas para eludir la complejidad. ¡Ten cuidado! En la literatura, cada palabra debe tener un propósito.

También te podría interesar leer: Estrategias Digitales para Escritores en 2025.

Clichés de mayor alcance

Los clichés no se limitan a las oraciones; también se infiltran en la concepción de personajes, la construcción de mundos y el desarrollo de la trama.

1. Los estereotipos andantes

El diseñador de moda extravagante, el ultra flemático mayordomo inglés, el científico distraído… ¡Alto ahí! Estos personajes, si bien reconocibles, carecen de profundidad. Son como caricaturas que no permiten al lector conectar realmente con ellos. Si buscas que tu historia sea memorable, dales vida, dales matices, dales un pasado que los justifique y motivaciones que los impulsen. Incluso un mayordomo puede esconder un alma atormentada, como Stevens en «Lo que queda del día» de Kazuo Ishiguro, un personaje que, lejos de ser un cliché, lucha con arrepentimientos y complejidades emocionales.

2. Mundos prestados

Un mundo pseudo-religioso, un verano interminable, una sociedad distópica genérica… Estos escenarios, aunque puedan ser el telón de fondo de interesantes historias (como en «Los juegos del hambre» con sus distritos y castas), se han vuelto tan comunes que corren el riesgo de sentirse predecibles. Si tu mundo es «fantástico», asegúrate de que sea genuinamente único. Dale una historia, una cultura, unas reglas que lo distingan.

3. Tramas predecibles

La profecía del elegido que salva un reino que después gobernará, el pobre insignificante que resulta ser mucho más de lo que él mismo creía, el aprendizaje que abrirá las puertas de la gloria o de la destrucción… Estas tramas, por muy populares que sean, pueden aburrir al lector si no se les da un giro innovador. Piensa en «Harry Potter»: sí, es un joven huérfano destinado a enfrentar un gran mal, pero la riqueza del mundo mágico, la complejidad de los personajes y los giros inesperados de la trama lo elevan más allá de ser un simple cliché.

También te podría interesar leer: Estructura tu historia según el cociente MIPA de Orson Scott Card.

El arte de evitar (y transformar) el cliché

Ahora bien, ¿cómo podemos evitar caer en la trampa del cliché sin renunciar a ideas universales? Aquí te doy algunas claves para que tu escritura respire originalidad:

1. El giro inesperado: sorprende a tu Lector

No hay nada de malo en usar un cliché como punto de partida, siempre y cuando lo subviertas. ¿Qué tal si el joven huérfano no es quien derrota al villano, sino su mentor o incluso su padre adoptivo? «Frozen» de Disney es un ejemplo brillante: el «beso de amor verdadero» es reemplazado por un acto de amor fraternal, un giro que sorprendió y cautivó a la audiencia.

2. Detalles específicos: evita lo superficial

Para que tus personajes y mundos cobren vida, sumérgete en los detalles. No te quedes en lo superficial. Si tu historia se desarrolla en Inglaterra, no te limites a Londres, con tantos lugares de interés y pocos usados que otorgarán quilates de credibilidad a tu historia. Los detalles auténticos y poco comunes son tu mejor aliado. Lo mismo aplica a tus personajes: dales una historia, objetivos, motivaciones, incluso inseguridades que los hagan complejos y únicos.

3. El poder de los sentidos: muestra, no cuentes

En lugar de decir que «era el alma de la fiesta», describe cómo su risa resonaba, cómo sus chistes tenían una sincronización perfecta o cómo su carisma atraía incluso a los más tímidos. Utiliza los sentidos: ¿qué se ve, se oye, se toca, se huele, se saborea? Sir Arthur Conan Doyle lo hizo magistralmente en «El sabueso de los Baskerville», al describir una noche tormentosa a través de las sensaciones de Watson: la lluvia golpeando el rostro, el viento silbando en los oídos.

4. Dale un vuelco a lo conocido: juega con el lenguaje

Toma un cliché y transfórmalo, dándole un giro ingenioso. «La pluma es más poderosa que la espada» podría convertirse en «el teclado es más poderoso que el arma» en un contexto moderno. O, como lo hizo J.K. Rowling, autora de «Harry Potter», adapta los clichés al mundo de tu historia: «No sirve de nada llorar por una poción derramada». ¡Imagina la sorpresa y la sonrisa del lector!

También te podría interesar leer: Los malos más malos de la ciencia ficción y la fantasía: ¿Por qué los amamos?

¿Cuándo es válido usar un cliché? Excepciones que confirman la regla

Aunque hemos hablado extensamente de cómo evitar los clichés, existen momentos en que un cliché bien colocado puede ser una herramienta poderosa.

Puedes usarlos para generar humor, ironía o desafiar creencias populares. Exagerar la indefensión de la «damisela en apuros» puede ser una forma de criticar la superficialidad de ese tropo. También pueden servir para la caracterización: un personaje que repite clichés constantemente podría revelar su falta de creatividad, su esfuerzo por encajar o incluso una manipulación, como los personajes de «Un mundo feliz» de Aldous Huxley, que recitan frases vacías para justificar su conformidad.

La invitación a la originalidad

Al final, la escritura es un acto de creación. Los clichés no son intrínsecamente malos, pero son como señales de tráfico que te advierten: «¡Cuidado, aquí hay un camino trillado!». La clave no es huir de ellos despavoridos, sino reconocerlos y, si los usas, hacerlo con una intención clara y un toque de genio.

Recuerda: el secreto está en los detalles, en la profundidad que les des a tus ideas y en la voz única que solo tú puedes aportar. El mundo de las palabras es vasto, y cada historia espera ser contada de una manera que solo tú puedes lograr.

¿Estás listo para desenterrar los tesoros ocultos en tu propia imaginación y darles vida de una forma que nadie más ha visto? La próxima página de tu novela, ¿será un eco del pasado o una sinfonía de originalidad? El bolígrafo está en tus manos.