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No hace mucho tuve un intercambio de opiniones con un usuario de redes sociales, quien asegura ser escritor, sobre la inexistente regla de “un escritor sólo escribe de lo que ha vivido”.

No es la primera vez que escucho tal argumento y no dejo de sorprenderme ante el mismo. Aunque parece un consejo sensato, en realidad limita de manera bestial la actividad de cualquier escritor. Escribir es crear y crear es tomar lo que existe y convertirlo en algo más, algo diferente y atractivo. Esto se repite en la pintura, la música o la danza, por ejemplo. 

Por suerte, tal argumento se cae por su propio peso y demuestra un limitado conocimiento literario ante obras que se desarrollan en lugares y situaciones que el escritor difícilmente habría podido conocer y experimentar por cuenta propia. 

Comencemos con la obra que siempre viene a mi mente cuando alguien saca esta falacia de la chistera: Tarzán de los monos. Edgar Rice Burroughs no conocía África cuando escribió este clásico de aventura. Entonces, ¿cómo logró dotar la historia de tanto realismo? Lo hizo porque se tomó su trabajo en serio y recopiló la mayor información posible sobre este continente, leyó los relatos de verdaderos exploradores y analizó las noticias provenientes de la región. Un trabajo nada sencillo, pero necesario si deseaba desarrollar una historia creíble. ¡Y vaya que sí lo logró!

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Algo similar ocurrió para el placer de los amantes de los westerns. Karl May, escritor alemán, desarrolló historias ambientadas en el viejo Oeste. Fue para los alemanes el equivalente a Julio Verne para los franceses o Emilio Salgari para los italianos. 

En sus obras, sus personajes recorrieron los desiertos y cañones norteamericanos enfrentando a los nativos, en medio de paisajes realísticos, ¡pero sin haber pisado los Estados Unidos! Al igual que en el caso de Burroughs, May alimentó su imaginación con información de viajeros, noticias y mapas, lo que combinó con una poderosa imaginación de aventura. Una curiosa manera de crear su propia mitología del Oeste.

Por último, tenemos a James Hilton, autor de una historia fascinante: Horizontes perdidos. Esta es una maravillosa novela que narra cómo un grupo de seres rotos, sin esperanzas ni fe, encuentra un refugio en el Tíbet donde inician un recorrido espiritual en constante lucha con sus demonios internos. Como ya lo habrán imaginado, Hilton no había visitado el Tíbet para cuando escribió esta historia y ello no le impidió alcanzar la fama por su obra. 

¿Necesitó esperar a conocer el lugar y sus habitantes para escribir la novela por la que se le conoce? Para nada. Escribió sobre lo que desconocía desde el punto de vista de lo investigado y el resultado fue una obra maestra de la literatura. 

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Los ejemplos anteriores demuestran dos cosas: la primera es que escribir de lo que no se conoce o no se ha vivido es posible. Lo segundo, y quizás lo más importante, es que para hacerlo de manera creíble se requiere estar lo suficientemente informado sobre el tema a abordar para dar coherencia a la historia. No es asunto de comenzar a escribir, por ejemplo, sobre eventos ocurridos hace 200 años en Australia si no nos hemos empapado sobre dichos sucesos estudiando fuentes confiables y verificadas. 

Cuando escribí el thriller tecnológico Goliath, analicé el recorrido de la mole desde su activación hasta el punto en el que habría de destruir el planeta. No viajé a los sitios descritos (espero hacerlo en algún momento), pero me informé lo más que pude sobre el tema utilizando las herramientas tecnológicas disponibles para trazar el recorrido con la máxima fidelidad. Fue un trabajo arduo al que hay que sumarle el aprender un poco de la mitología de América Latina, los medios de escrituras antiguos y algo de arqueología, además de armamento de avanzada, tácticas militares, una pizca sobre el funcionamiento de las bombas nucleares y un mínimo sobre la antimateria.

Si deseas escribir sobre un lugar, tiempo o cultura de la que no sabes, pero que te atrae como tema literario, conviene que aprendas una palabra que considero la piedra fundamental de todo escritor: coherencia. Esto quiere decir entrelazar todo de tal manera que se sienta lo bastante sólido y creíble para que el lector navegue con fluidez desde la introducción hasta la última página.

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Aquí te comparto 7 puntos a tomar en cuenta para tu futura obra: 

1. Investiga más allá de lo superficial

No te quedes con la primera imagen que ofrece una búsqueda rápida. Consulta libros de historia, crónicas locales, documentales, entrevistas y prensa regional. Busca fuentes producidas por personas que vivan allí. La profundidad documental es lo que convierte la imaginación en verosimilitud. Además, a medida que investigas, vas alimentando tu propia historia al absorber información nueva y atractiva para tu novela.

2. Comprende la cultura, no sólo el paisaje

El error más común es describir escenarios físicos sin entender el tejido social, cómo son las costumbres, los códigos de cortesía, el humor, las tensiones políticas, los ritmos cotidianos, la religión, etc. Investiga cómo hablan en el lugar elegido para tu obra. Qué valoran, qué temen y qué celebran. El desarrollo de los personajes locales es diferente al de los personajes foráneos: lo que es admirable para uno es ofensivo para otros. Dicha disparidad te ayuda a crear tensión o humor según la situación del momento e integra puntos de vista creíbles en el argumento.

3. Evita el estereotipo fácil

Cuando no se conoce un entorno, se corre el riesgo de reproducir clichés. Identifica los tópicos más repetidos sobre ese lugar y pregúntate si aportan algo real a tu historia o si son atajos narrativos. Es típico (y desastroso) describir una cultura desde la información sesgada que recibimos a diario. El mexicano, siempre de bigote y relacionado con los narcos; el francés de bigote pequeño y boina que bebe café al borde del Sena; el africano de dos metros, musculoso y con cicatrices de garras de león, etc. Si al escribir se te viene la imagen de algún personaje en un entorno que no has analizado, recházala de inmediato. Lo más seguro es que estés reciclando el mismo estereotipo con el que te han bombardeado por años, lo que daría como resultado que tu historia tendría la misma falta de coherencia que muchas otras.

4. Trabaja los sentidos

No basta con describir lo que se ve. ¿Cómo huele una ciudad costera al amanecer? ¿Qué sonidos dominan una zona industrial? ¿Cómo se siente el clima en la piel? La sensorialidad crea presencia, incluso cuando el autor no ha estado allí. Trabajar con los sentidos es una excelente herramienta para describir el lugar, lo que exige una mayor investigación. El olor de la jungla no es el mismo que el del desierto, y mucho menos se parece al de la ciudad. ¿Qué tan caliente es la ciudad en la que se desarrolla tu historia? Este simple hecho altera todo el entorno dentro de las escenas porque, mientras en una escena de calor los personajes pueden estar abanicándose para espantar la alta temperatura, en un entorno frío estarían saboreando un chocolate caliente. Asegúrate de que las sensaciones de cada uno de estos climas sean lo suficientemente diferenciadas entre sí como para capturar la atención del lector.

5. Busca lectores cero locales

Si es posible, comparte tu texto con alguien que conozca el lugar. Una observación precisa puede evitar errores culturales o geográficos que resten credibilidad a la obra. De hecho, sus comentarios te pueden ofrecer material adicional para dar aún más coherencia a tu historia, ya que podrían agregar elementos no presentes en línea, como anécdotas, leyendas o eventos históricos poco conocidos. 

6. Sé honesto con el tono

No necesitas fingir una autoridad absoluta. Si tu novela no es un tratado antropológico, no intentes convertirla en uno. La coherencia interna y el respeto son más importantes que la acumulación de datos. Este es uno de los puntos más complicados de alcanzar. ¿Qué tanto investigar? ¿Qué tanto decir? ¿Qué tanta validación se requiere? Asegúrate de que el detalle del entorno no ahogue el desarrollo de tu historia.

7. Recuerda que la literatura no es turismo

No estás obligado a reproducir una guía de viaje. Investiga para sostener la ficción, no para exhibir documentación. Si lo que agregas entorpece el ritmo de la historia, es muy posible que debas eliminarlo. De todas maneras, no hace falta que desarrolles toda una investigación para darle coherencia al entorno. En muchas ocasiones es mejor trabajar el argumento con pinceladas que te relacionen con el lugar o el tiempo de tu obra en vez de redactar un tratado turístico.

Escribir sobre un lugar o momento histórico desconocido no es tan sencillo como parece, sobre todo si buscas el santo grial de la coherencia. Requiere disciplina para la investigación, capacidad de encajar los datos y mantener el foco en la historia que estás desarrollando. Cubiertos estos puntos, podrás escribir sobre la Guerra del Opio, como tripulante del Nao Victoria de Magallanes o un científico en futuras bases en Marte. 

Con algo de investigación e imaginación, no hay historia que no puedas escribir.